Un día, cuando salió de su refugio en búsqueda de algunas personas de su confianza, unos bárbaros salieron de su escondite para atacarlo. En ese momento, lo bárbaros le lanzaron flechas que lo hirieron a gravedad, provocando casi de inmediato su muerte.
Uno de ellos, el más sanguinario, se acercó al cuerpo inerte y con un objeto retiró los ojos azules del rostro de aquel fraile lanzándolos lo más lejos de su propietario
Luego cargó el cuerpo en hombros para dirigirse a las orillas de la Villa de León y abandonarlo en ese lugar.
Cuando regresó en búsqueda de aquellos ojos azules que había abandonado, se encontró con dos hilos de agua en donde habían estado los ojos, él asustado, empezó a escarbar encontrando un manantial de agua.
En el momento que los ciudadanos de la Villa se percataron de aquél suceso, construyeron dos pozos que inmediatamente se denominaron "Los Pozos del Fraile", en los cuales al pasar los años, aumentó el caudal de agua.